Información de interés

Drogas - Ketamina

El clorhidrato de ketamina conocido como "el K" o "Special K", es un potente alucinógeno comúnmente utilizado por los veterinarios como tranquilizante para animales. Los usuarios a veces llaman la euforia causada por la ketamina como "Hoyo K" (K-hole) y describen alucinaciones profundas que incluyen distorsión visual y pérdida de percepción del tiempo, la sensibilidad y la identidad. La euforia puede durar entre media hora a dos horas. La Agencia Federal para el Control de las Drogas (FDA, por sus siglas en inglés), informa que los efectos evidentes pueden durar una hora, pero que la droga puede afectar el cuerpo por hasta 24 horas.

El uso de “el K” puede resultar en profundos problemas físicos y mentales incluyendo el delirio, amnesia, deterioro de la función motora y problemas respiratorios potencialmente mortales. El K es un polvo que, por lo general, se aspira, pero a veces se esparce sobre el tabaco o la marihuana y se fuma. La ketamina en polvo surgió como droga recreativa en los años ‘70 y se conocía como "Vitamina K" en los ‘80. Resurgió en los años ‘90 en el ambiente de fiestas "rave" como "Special K". La ketamina líquida fue desarrollada a principios de los años ‘60 como anestésico para uso quirúrgico y fue utilizada en los campos de batalla de Vietnam como anestésico.

La demanda de ketamina como droga de abuso ha incrementando notablemente entre los más jóvenes. Los adolescentes intentan utilizar este anestésico de uso veterinario, que no se puede dispensar en los establecimientos farmacéuticos, para drogarse y probar nuevas sensaciones. La administración de ketamina puede llegar a provocar convulsiones, parálisis, náuseas, paradas respiratorias y muerte. Este anestésico, que habitualmente se utiliza para sedar a caballos y gatos, actúa como psicodélico y es especialmente peligroso combinado con determinados ansiolíticos, antiasmáticos y antidepresivos, y también si se consume con sustancias como el éxtasis, la cocaína, los opiáceos o energizantes. 

Mecanismo de acción y formas de empleo

La ketamina se administra por inyección intramuscular o intravenosa. También puede inhalarse o fumarse después de ser calentada y transformada en cristales. Al igual que el PCP, genera anestesia disociativa: interrumpe en forma selectiva las vías cerebrales de asociación y produce bloqueo sensorial. 

Efectos psicológicos y fisiológicos

A continuación se reproduce un relato de Charo, una dominicana entrevistada en Barcelona, que consumió ketamina: 
“Yo me acuerdo la primera vez que probé el ketalar llegó un amigo, un tío al que no conocíamos a la casa de una amiga y llegó con un potecito era... ¿como se llamaba? es como anestésico, ¡polvo cósmico! anestésico de caballo. Lo puso en una sartén, lo hirvió hasta que se evaporó toda el agua, se cristalizó en la sartén y sacó todo el polvito. Más o menos una especie como de cocaína ¿no? Pero el efecto no es de cocaína, nada que ver... totalmente alucinante, totalmente, nos volvimos locos esa noche. La experiencia máxima que tuve con el ketalar, fue que un día nos fuimos a la montaña y parece ser que nos pasamos de consumir yo bajé con el Chiqui y Renzo a comprar cerveza y a mí se me fue la cabeza me dio un ataque de histeria, yo me ví cayendo por el barranco totalmente y mi primera impresión fue abrir la puerta para salir del coche para tener un sitio para agarrarme y no caerme al vacío y claro, no nos estábamos cayendo del barranco para nada y claro yo me iba a caer del coche íbamos a una velocidad muy fuerte... entonces ellos pararon el coche porque claro yo me iba a tirar del coche y a partir de ese entonces jamás lo consumí, jamás lo volví a consumir, jamás. Yo consumo la droga siempre y cuando yo la pueda controlar pero si no la puedo controlar no la consumo. El ketalar nos convirtió en ratas... eran ratas todos, yo también”. 

A nivel fisiológico, la ketamina en dosis bajas aumenta la frecuencia cardíaca, la presión arterial y sanguínea, disminuyendo levemente la frecuencia respiratoria. En dosis altas suele provocar náuseas y vómito. No se han reportado problemas serios derivados de su uso constante.

Potencial de dependencia

Su uso continuo durante más de tres semanas ocasiona tolerancia. Aunque no produce dependencia física, tiene un leve potencial para crear dependencia psicológica.

Sobre-dosificación

Las intoxicaciones agudas con ketamina provocan depresión respiratoria, en cuyo caso se recomienda utilizar asistencia respiratoria mientras cede el efecto del anestésico. Esto hace necesario acudir a un hospital inmediatamente.

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